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Filo en la escuela. Una experiencia colectiva de transformación.

Cada año, el Día Mundial de la Filosofía nos invita a detenernos y a abrir preguntas sobre el sentido de pensar juntos. En el marco del Proyecto Filosofar con Niñas, Niños y Jóvenes en la Escuela, este 20 de noviembre celebramos no solo una fecha, sino una oportunidad: la de reconocer el valor del encuentro filosófico en la vida escolar, allí donde las preguntas se vuelven motor de libertad, creatividad y sensibilidad compartida.

Walter Kohan nos recuerda esta potencia del pensar con otros al afirmar:

“La filosofía es una forma de afecto, de afectar y afectarse en el encuentro de dos cuerpos que piensan juntos. Por eso es también un ejercicio de libertad, porque en ella, en su experiencia, se es más de uno, por lo menos dos, y, quien sabe, muchos. Por eso, la filosofía en la escuela, en el encuentro con otros maestros y estudiantes, niños y adultos, nos torna más libres: porque nos permite salir del mundo individual, potenciando nuestra libertad de estar con otros en el mundo.”

La celebración de este día es también una invitación a recuperar voces que piensan la filosofía desde la experiencia viva. Así lo expresa Romina Ferreyra, Coordinadora del Proyecto Filosofar con Niñas, Niños y Jóvenes, cuando escribe:

“Pero hablar de experiencia filosófica también nos pone frente a implicancias relativas a una concepción de filosofía que pone el acento en el filosofar en tanto verbo, como acción ineludible al pensar filosófico. A modo de ejemplo, podemos mencionar: el privilegio del diálogo genuino entre pares, en tanto se posibilita el reconocimiento del otro/a como aquel con quien inevitablemente se construyen los propios conocimientos; o bien, concebir la labor filosófica como algo que concierne a la vida entera de las personas y no como una actividad exclusivamente intelectual destacando la importancia que reviste vivir en consonancia con la filosofía antes que aprenderla.

La escuela aparece como un lugar apropiado para experimentar la filosofía. Ella continúa siendo el principal ambiente de formación intelectual y social de niñas y niños; un espacio en el que se promueve su crecimiento intelectual, creativo y afectivo. En la escuela, niñas y niños pueden ensanchar su horizonte de experiencias al entrar en contacto con otros/as con quienes tienen mucho en común a la vez que notables diferencias. Allí también, es donde adultos a diario se disponen del mejor modo afectivo e intelectual para acoger a niñas y niños.

Pero además, la escuela es un lugar para la circulación de afectos; desde las y los docentes fomentando el compañerismo entre alumnos y alumnas, hasta el intercambio afectivo entre docentes-alumnos/as y viceversa. Esta creación permanente de lazos sociales afectivos puestos en circulación independientemente de los lazos sanguíneos, sitúa la escuela en un lugar privilegiado para trabajar la sensibilidad frente al mundo. Una sensibilidad necesaria para la tarea crítica y creativa, para la experiencia filosófica, desde donde es preciso problematizar y pensar una y otra vez el mundo para captar su complejidad y poder dejarnos interpelar por él a la vez que intervenirlo.”

En esa trama de afectos, preguntas y miradas diversas se sostiene la práctica cotidiana del proyecto. Y es justamente esa riqueza de experiencias la que hoy se comparte y se pone en valor a través de un nuevo material colectivo.  

Conocé el documento Filosofar en la escuela: un diálogo de experiencias para seguir pensando colectivamente la educación.

Elaborado por docentes, tutoras/es y la coordinación del proyecto, reúne una sistematización de sus recorridos y aprendizajes, y abre nuevas posibilidades para seguir construyendo una escuela donde filosofar no sea un lujo, sino una forma de habitar el mundo con otros/as.  

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