21 diciembre, 2016

Filosofar con Niñas, Niños y Adolescentes

En el Centro de Pedagogías Críticas y Educación Popular de la Fundación La Salle–Argentina decidimos indagar el vínculo entre filosofía, infancias y escuela desde la perspectiva de la educación popular propia de contextos latinoamericanos.

En el año 2017 pusimos en práctica una propuesta de acompañamiento a educadores de diversas escuelas de Argentina para generar de manera conjunta los espacios de filosofía con niñas y niños en las aulas en las que desempeñaban su tarea docente.

 

En la actualidad nos encontramos trabajando junto a más de 14 experiencias educativas públicas y privadas, de diversos contextos socio-económicos, acompañando alrededor de 90 educadoras y educadores tanto de nivel inicial, primario y secundario, formal y no formal. Participan del proyecto escuelas del interior del país, del Gran Buenos Aires y de la Ciudad Autónoma de Bs. As. La propuesta alcanza, así a más de 2000 estudiantes.

La práctica filosófica no es sólo una invitación para niñas, niños y jóvenes sino que es una propuesta para revisar nuestra forma de ser y estar en la escuela como personas en los distintos roles. Hablamos de maestros artesanos que inspiran el arte de pensar, maestros filósofos que enseñan no tanto un saber sino una relación con el saber, el deseo de saber.

 

Ofrecemos a las instituciones, un proceso de formación y de acompañamiento en la escuela. Más allá de este trabajo presencial, el mayor contacto, seguimiento y labor conjunta lo permite la conexión virtual. De esta manera, trabajamos junto a las y los educadores en elaboración y evaluación de los espacios, pensando actividades y fichas de trabajo, buscando y seleccionando material.

 

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Consideramos a la filosofía como una práctica que nos permite el ejercicio de interrogar. Una práctica desobediente, cuestionadora, desafiante, novedosa e imprevista que tiene por centralidad el ejercicio de preguntar. No se trata de una mera técnica, herramienta o un método. Por el contrario, nos remite más bien a un modo de ser-estar-existir: el modo filosofante de andar en el mundo. Filosofar, como actividad pero sobre todo como experiencia.

 

El espacio de filosofía hace de la escuela el lugar donde volver común la pregunta por el mundo, la forma en que vivimos en él, el modo en que nos relacionamos. La experiencia educativa filosófica no nos enseña/explica/indica cómo es el mundo, cómo debemos pronunciarlo, cómo debemos actuar. Todo ello se vuelve un asunto a ser pensado. Es por ello que da lugar a la crítica, convoca a la participación activa, exige un re-posicionamiento constante de cada sujeto, abre a la posibilidad permanente de lo nuevo.

 

Educar para la capacidad liberadora es educar para ponerse en marcha, de pie, para caminar, generando nuevas rutas, nuevas experiencias, nuevos mundos. Porque como dicen Orbe Bárcena y sus colaboradores: “…una relación poética es una relación liberadora. Porque es en lo poético donde […]la educación, en fin, abandona las viejas y actuales pretensiones de conducir la mirada del otro en una dirección correcta, previamente definida, para convertirse en el acontecimiento de una mirada compartida” (Orbe Bárcena, Larrosa, Mélich, 2006: 242).

 

La tarea fundamental como en educación será entonces situar a quienes estudian en el camino de la interrogación. No hacemos del cuestionamiento un juego o una mera ejercitación desinteresada sino que de lo que se trata es cuestionarse a sí mismo, de cuestionar la propia vida, nuestras decisiones, acciones, posiciones. El lugar que ocupa quien enseña es fundamental. Quien comparte los espacios de filosofía no está allí como quien transmite un saber sino como amante del saber. Su pasión, su deseo es el de ayudar a querer saber, a querer pensar, a querer aprender. Inspira en los otros esta vocación humana a la que nos referíamos anteriormente, la de la búsqueda, la de la curiosidad.

 

Uno de los elementos más relevantes de este proyecto es la posibilidad de reconocer valiosas modificaciones a partir de testimonios, comentarios espontáneos, propuestas de actividades, cuestionamientos auténticos de docentes, niñas, niños y adolescentes a partir de las vivencias dentro del aula. Las experiencias se convierten en material sobre el que seguir des-aprendiendo y aprendiendo la tarea de educar.

 

Es en este sentido en que la filosofía se vuelve una oportunidad para la escuela. Una oportunidad para hacer escuela en la escuela, para que el tiempo libre escolar sea real, que se garantice lo estrictamente escolar: el estudio como el ejercicio que abre a la vida y al mundo. Como nos recuerda Walter Kohan: “El tiempo libre escolar es un tiempo para encontrarse con el mundo tal como es, para comprometerse con algo que está más allá de las particularidades personales y, a partir de allí, recrear el mundo, iniciar un nuevo mundo, encontrar un nuevo comienzo para el mundo”(Kohan, 2015, 117).